En medio de una creciente tensión con Estados Unidos, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, volvió a cuestionar la política exterior de Washington y advirtió que no se puede “imponer un nuevo modelo colonial” en América del Sur bajo la Doctrina Monroe. Al mismo tiempo, insistió en la necesidad de abrir canales de diálogo para evitar un conflicto armado que, según alertó, podría derivar en una guerra prolongada similar a la de Vietnam.
Las declaraciones fueron realizadas en una extensa entrevista concedida al periodista Ignacio Ramonet, grabada el 31 de diciembre en Caracas. Allí, Maduro aseguró que Venezuela atraviesa un momento clave en el plano internacional, marcado por la presión militar estadounidense frente a sus costas y por reiteradas amenazas contra la soberanía del país.
En ese contexto, el mandatario reveló que mantuvo una conversación telefónica con el expresidente estadounidense Donald Trump en noviembre pasado, a la que calificó como “respetuosa y cordial”. Según afirmó, el diálogo duró unos diez minutos y se desarrolló en buenos términos, aunque reconoció que las acciones posteriores de Washington no acompañaron ese clima inicial.
Maduro también vinculó la escalada de tensiones con los intereses energéticos de Estados Unidos y dejó abierta la posibilidad de acuerdos económicos. “Si quieren petróleo de Venezuela, está lista Venezuela para inversiones estadounidenses”, sostuvo, al recordar antecedentes de cooperación con empresas como Chevron.
En el plano interno, el presidente venezolano defendió el modelo económico impulsado por su gobierno, al que atribuyó un crecimiento cercano al 9% durante 2025, pese a las sanciones internacionales. Aseguró que la recuperación se apoya en la producción local, la reducción de importaciones y el fortalecimiento del mercado interno, aunque reconoció que persisten desafíos vinculados a la inflación y a la estabilidad monetaria.
Maduro también destacó el avance del Estado Comunal y la participación popular como ejes centrales de su proyecto político, en contraposición a lo que definió como el “agotamiento” de la democracia liberal occidental. Según afirmó, el respaldo social frente a las amenazas externas se tradujo en un amplio consenso nacional en defensa de la soberanía.
Finalmente, el mandatario insistió en su llamado a la paz y al respeto del derecho internacional. “No a la guerra, sí a la paz”, reiteró, al tiempo que pidió a la comunidad internacional y a la sociedad estadounidense frenar cualquier intento de intervención militar en la región.
