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Arranca la nueva fase económica, pero las reservas vuelven a ser el principal punto débil

La nueva etapa del plan económico del Gobierno comenzó oficialmente este viernes, con el foco puesto en la denominada “fase de remonetización 2026”. Si bien el Ejecutivo busca mostrar un cambio de escenario, analistas e inversores coinciden en que la verdadera prueba será la capacidad del Banco Central para acumular reservas sin generar tensiones cambiarias.

El esquema, anunciado a mediados de diciembre, combina dos ejes centrales: la ampliación de las bandas de flotación del dólar —que ahora se ajustarán según la inflación y no con un deslizamiento fijo mensual— y un programa de compras de divisas por parte del Banco Central (BCRA). Desde este viernes, la entidad podrá adquirir hasta el 5% de los dólares operados diariamente en el mercado, además de realizar compras en bloque por montos mayores.

La medida fue bien recibida por el mercado, aunque con cautela. Economistas advierten que la acumulación de reservas será gradual y que no todo lo que compre el BCRA necesariamente quedará en sus arcas. El margen de acción estará condicionado tanto por la recuperación de la demanda de pesos como por la necesidad de evitar presiones alcistas sobre el tipo de cambio.

“Esperamos que el Banco Central pueda acumular reservas de manera sostenida recién en el segundo y tercer trimestre de 2026, cuando el superávit cambiario sea mayor y se consolide la demanda de dinero”, explicó Eric Ritondale, economista jefe de Puente. En la misma línea, subrayó que el objetivo de sumar divisas estará subordinado a mantener el dólar dentro de las bandas establecidas.

Por su parte, Claudio Caprarulo, economista de Analytica, puso el acento en los límites del esquema: “Habrá que ver hasta dónde está dispuesto el BCRA a intervenir y presionar sobre el tipo de cambio para acumular reservas. El momento y la intensidad de las compras serán determinantes”.

Según estimaciones oficiales, el Banco Central podría comprar hasta US$10.000 millones a lo largo de 2026, siempre que se recupere la demanda de dinero y disminuya la dolarización de portafolios. Sin embargo, la posibilidad de retener esas divisas dependerá de un factor clave: que el Tesoro vuelva a acceder al financiamiento externo y no deba usar reservas para afrontar vencimientos.

La Argentina enfrenta compromisos por unos US$12.500 millones durante 2026, entre deuda con bonistas y el FMI. El primer pago fuerte, por US$4.200 millones, vence el 9 de enero, lo que vuelve a poner presión sobre las ya ajustadas reservas.

En este contexto, el Gobierno deslizó que un fortalecimiento sostenido del balance del BCRA podría habilitar una mayor flexibilización del cepo cambiario. No obstante, los analistas se muestran prudentes. Caprarulo consideró que, más allá del acceso de las empresas al mercado para girar utilidades, no se esperan cambios relevantes en el corto plazo. Ritondale, en cambio, dejó abierta la puerta a eventuales alivios, aunque atados estrictamente a la evolución de las variables macroeconómicas.

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