Alguna vez lo proyectaron como presidenciable. Hoy, Gustavo Valdés corta cintas en la ciudad de Corrientes para inaugurar… 21 cuadras de cordón cuneta. En una imagen que parece sacada de los últimos 25 años de historia provincial, el gobernador protagoniza una postal repetida, símbolo de una gestión atrapada en el cortoplacismo y la propaganda.
La escena se dio en el barrio Ongay, donde junto a Eduardo Tassano, Valdés celebró la culminación de obras menores como si se tratara de grandes transformaciones. Con tono épico aseguró que “ningún otro gobierno invirtió como el nuestro”, aunque lo hecho –ripio y cordón cuneta– se queda corto frente a las necesidades estructurales que atraviesan cientos de barrios olvidados.
Mientras la provincia se cae a pedazos en salud, educación, seguridad y servicios básicos, el gobernador se muestra orgulloso de tareas que deberían ser mínimas, no hazañas. Pero el dato más revelador no está en el ripio, sino en la dimensión política del retroceso: quien alguna vez fue impulsado como candidato a presidente, hoy se muestra más cerca de lanzarse a competir por la intendencia de la capital provincial.
Un descenso que habla más de su gestión que de sus ambiciones.
Desde el entorno oficial intentan mostrarlo como “gestión cercana”, pero lo que se ve es una administración estancada, sin proyecto ni ambición real para cambiar Corrientes. La inversión anunciada de 500 millones de pesos en estas obras contrasta con la falta de cloacas, de agua potable, de iluminación, de transporte digno y de acceso real al trabajo y la vivienda.
En las redes, vecinos y críticos coincidieron en lo simbólico del acto: “Inaugurar cordón cuneta en 2025 como si fuera una revolución es una muestra más del atraso planificado que padecemos. Necesitamos romper el círculo vicioso de la miseria institucional”.
