Titulares

Un policía murió por tener que cobrar en persona: el fracaso del Estado provincial

El cabo 1.° Virgilio Alarcón perdió la vida en un accidente camino a cobrar un adicional por un operativo en la Fiesta del Surubí. Otra víctima de la miseria institucional: salarios bajos, pagos atrasados y una vida que valía dos mangos.

Un nuevo hecho trágico vuelve a dejar en evidencia la cruda realidad que enfrentan día a día los trabajadores policiales en Corrientes. Este miércoles 21 de mayo, en horas de la mañana, falleció el cabo 1.° Virgilio Juan Ramón Alarcón tras un choque múltiple en la ruta nacional N.º 123, a la altura de Chavarría.

Pero no fue solo una muerte en la ruta, como tantas otras. Alarcón viajaba en su moto rumbo a Goya para cobrar un miserable adicional que le correspondía por su servicio durante la Fiesta Nacional del Surubí, una cobertura extra que realizó para intentar aumentar su sueldo con tareas mal pagas, irregulares y sin garantías.

Según confirmaron fuentes policiales, el accidente ocurrió alrededor de las 7:30 de la mañana e involucró una moto, una bicicleta y, presuntamente, un camión que se dio a la fuga. El conductor de la moto, el joven policía, murió en el acto. La ciclista sufrió heridas leves. Ahora se investiga al camión que no se detuvo tras el impacto.

Una muerte evitable

¿Por qué un policía debe arriesgar su vida para ir a cobrar en persona un adicional? ¿Por qué no pueden transferírselo como corresponde? La respuesta es simple: precarización, abandono y desprecio institucional por quienes garantizan la seguridad en las calles de la provincia.

Gustavo Valdés y su gestión siguen mostrando que el valor de la vida de un correntino –más aún si es parte de las fuerzas de seguridad– es prácticamente nulo. No hay políticas de contención, ni mejoras salariales reales, ni herramientas básicas como una buena cobertura médica o transporte seguro.

El mismo gobierno que gasta millones en fiestas, actos proselitistas o campañas en redes sociales, sigue sin garantizarle lo mínimo a los trabajadores del Estado. En este caso, una vida más se apagó por tener que «ir a buscar el mango».

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