El Gobierno nacional sigue con preocupación la escalada del riesgo país y aguarda una mejora de la actividad económica para agosto, luego de la fuerte caída registrada en julio. La incertidumbre financiera, las dudas sobre el financiamiento de los próximos vencimientos de deuda y el escenario político de cara a 2027 mantienen la presión sobre el programa económico.
Mientras el índice de riesgo país llegó a tocar los 710 puntos básicos, la Casa Rosada apuesta a que el próximo informe del INDEC muestre una recuperación cercana al 1,5% mensual. Sin embargo, ese eventual rebote todavía debe confirmarse y no alcanzaría, por sí solo, para descartar una nueva contracción de la economía.
Alerta oficial por la suba del riesgo país
En el Gobierno admiten que el deterioro de los bonos argentinos se produjo antes de lo esperado dentro del calendario político. La preocupación está puesta en que la incertidumbre financiera termine afectando las expectativas de los inversores y complique la estrategia económica oficial.
El riesgo país superó los 700 puntos básicos y llegó a un máximo de 710, antes de retroceder hacia las 680 unidades, según los datos citados en el informe original. En julio había alcanzado un mínimo cercano a los 402 puntos, por lo que el cambio de tendencia refleja un deterioro significativo en la percepción del mercado sobre la deuda argentina.
El indicador elaborado por JP Morgan mide la prima de riesgo que exigen los inversores para financiar al país en comparación con activos considerados más seguros. Su aumento está asociado con la caída de los precios de los bonos soberanos y con mayores dudas sobre la capacidad de financiamiento.
La incertidumbre política y financiera complica las expectativas
La explicación que sostiene el Ejecutivo combina factores internacionales y domésticos. Entre los elementos externos menciona las tasas de interés de Estados Unidos y los conflictos geopolíticos, mientras que en el frente local reconoce el impacto de la incertidumbre electoral y las dudas sobre la continuidad del programa económico.
El Gobierno espera que una eventual reducción de las tensiones internacionales y un escenario político más previsible contribuyan a mejorar las condiciones financieras durante los próximos meses. No obstante, una baja de las tasas estadounidenses no está garantizada y dependerá de la evolución de la inflación y de las decisiones de la Reserva Federal.
En paralelo, el oficialismo cuestiona las posiciones de sectores opositores sobre posibles cambios al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al considerar que esas discusiones generan dudas sobre la estabilidad de las reglas económicas.
Persisten las dudas por los dólares para pagar la deuda
Otro de los factores que preocupa al mercado es la disponibilidad de divisas para afrontar los vencimientos de deuda previstos para 2027 y 2028. Los inversores también siguen de cerca el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central.
El Ejecutivo asegura que cuenta con instrumentos de financiamiento y líneas de liquidez para cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, la discusión continúa centrada en cuánto de esos recursos está efectivamente disponible y qué parte puede utilizarse para afrontar los compromisos futuros.
La diferencia entre las fuentes potenciales de financiamiento y las divisas ya aseguradas constituye uno de los puntos que condicionan la evolución del riesgo país.
El Gobierno espera una mejora del 1,5% en la actividad
En medio de ese escenario, la Casa Rosada aguarda que el INDEC informe una recuperación cercana al 1,5% en la actividad económica de agosto. La expectativa oficial llega después de un julio marcado por una contracción mensual del 2,9% en el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE).
El indicador también registró una caída interanual del 1,4% en julio. Pese a ese retroceso, acumuló un crecimiento del 1,7% entre enero y julio respecto del mismo período de 2025.
La expectativa de un rebote en agosto coincide con la necesidad del Gobierno de mostrar señales de recuperación. Sin embargo, la estimación todavía debe contrastarse con el informe oficial y con la evolución de los distintos sectores productivos.
Comercio e industria, entre los sectores más afectados
La caída de julio no impactó de manera uniforme. Según los datos citados en el artículo original, ocho de los quince sectores relevados por el INDEC registraron retrocesos interanuales.
Entre las actividades con mayores bajas se ubicaron:
- Comercio mayorista y minorista: caída interanual del 5,1%.
- Industria manufacturera: retroceso interanual del 4,6%.
En conjunto, ambos sectores restaron 1,3 puntos porcentuales al resultado general. En sentido contrario, la pesca registró un crecimiento del 424,5% y la explotación de minas y canteras avanzó un 8,4%.
Las diferencias muestran que la evolución de la actividad sigue siendo desigual y que los resultados positivos de algunos sectores no necesariamente compensan las dificultades de otras ramas con mayor incidencia en el indicador general.
Un rebote mensual no descarta una recesión
El Gobierno busca que una mejora de agosto permita sostener que la caída de julio fue transitoria. No obstante, un incremento mensual de la actividad no alcanza por sí solo para descartar una recesión técnica.
El segundo trimestre registró una contracción del PBI desestacionalizado del 0,6%. Además, el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central anticipó una nueva caída del 1% durante el tercer trimestre, según el informe original.
Si se confirmaran dos trimestres consecutivos de contracción, la economía cumpliría el criterio habitual de recesión técnica, incluso si en alguno de los meses se registraran mejoras puntuales.
El Ejecutivo también destaca la serie tendencia-ciclo del EMAE, que en julio mostró un avance del 0,2%, pese a la caída mensual de la medición desestacionalizada. Esa serie suaviza las variaciones de corto plazo, pero no permite confirmar por sí sola el inicio de una recuperación sostenida.
La Casa Rosada apuesta a una mejora durante el verano
El Gobierno espera que una desaceleración adicional de la inflación, una recuperación de los salarios y un repunte de la actividad ayuden a reducir la presión financiera durante el verano.
Mientras tanto, la suba del riesgo país expone las dificultades para recuperar la confianza del mercado y despejar las dudas sobre el financiamiento de los próximos años. La evolución de las reservas, los vencimientos de deuda y las definiciones políticas serán variables centrales para determinar si el escenario financiero mejora.
La publicación del próximo dato del INDEC será una primera prueba para las proyecciones oficiales. Hasta entonces, el repunte esperado sigue siendo una expectativa del Gobierno y no un resultado confirmado.



