El Gobierno nacional busca que la recuperación económica llegue con mayor fuerza al mercado interno, apoyándose en tres ejes: una mayor disponibilidad de crédito, la expansión gradual de la cantidad de dinero en circulación y una mejora de los ingresos de los hogares. Sin embargo, por ahora esos factores avanzan a un ritmo desigual y no alcanzan para generar un repunte contundente del consumo.
La flexibilización de los créditos en dólares para empresas anunciada esta semana forma parte de esa estrategia. La medida apunta a que una mayor cantidad de divisas depositadas en los bancos pueda canalizarse hacia actividades productivas y de esa manera generar movimiento económico.
El Gobierno mantiene, al mismo tiempo, la expectativa de que la economía crezca más de 2,5% durante 2026. El desafío es que esa expansión se traduzca en una mejora más visible para los sectores que todavía permanecen rezagados.
Más crédito, pero con dificultades para las familias
Los préstamos en dólares se encuentran entre las variables más dinámicas del sistema financiero y registran un crecimiento interanual cercano al 45%. Con la modificación normativa del Banco Central, los bancos podrán ampliar el financiamiento en moneda estadounidense a empresas que no generan dólares directamente.
El límite establecido equivale al 15% de los depósitos en dólares, lo que representa alrededor de US$6.000 millones.
Los depósitos privados en moneda extranjera ya superan los US$40.000 millones, mientras que el stock de préstamos en dólares ronda los US$24.000 millones. El Gobierno considera que existe margen para canalizar una mayor cantidad de esos recursos hacia empresas y sectores productivos.
Sin embargo, el escenario es diferente cuando se trata de los consumidores. Los bancos se muestran más cautelosos a la hora de otorgar préstamos a las familias debido al aumento de la morosidad.
Esta situación representa una dificultad para sectores que dependen del financiamiento para sostener sus ventas, como los electrodomésticos, productos electrónicos y automóviles.
El antecedente de recuperación del crédito que comenzó a mediados de 2024 y se extendió durante poco más de un año resulta difícil de repetir en las mismas condiciones.
La remonetización avanza lentamente
Otro de los objetivos planteados por el equipo económico es la denominada remonetización de la economía, es decir, una expansión progresiva de la cantidad de dinero disponible para las operaciones cotidianas.
La estrategia podría desarrollarse mediante la compra de dólares por parte del Banco Central o a través de una menor absorción de pesos por parte del Tesoro.
No obstante, las últimas operaciones muestran que el proceso será gradual. En la licitación realizada esta semana, el Gobierno renovó el 100% de los vencimientos de deuda en pesos, por lo que no hubo una expansión significativa de la base monetaria por esa vía.
La expectativa oficial es que el crecimiento del denominado M2 transaccional se produzca de manera progresiva.
Los ingresos siguen siendo otro punto débil
El tercer factor sobre el que apuesta el Gobierno es la recuperación de los ingresos reales de la población.
Pero la evolución de salarios y jubilaciones presenta dificultades. Según el panorama planteado en el análisis, el ingreso que viene mostrando una mejora más clara frente a la inflación es la Asignación Universal por Hijo.
Los salarios del sector privado, en cambio, apenas logran acompañar la evolución de los precios y enfrentan además el impacto del incremento de las tarifas, que reduce el poder adquisitivo disponible.
Las jubilaciones también permanecen bajo presión. Los haberes, tanto la jubilación mínima con bono como las jubilaciones generales, todavía no muestran una recuperación suficiente frente al aumento del costo de vida.
A esto se suma el dato de inflación de julio, que representa una dificultad adicional para que los ingresos puedan comenzar a recuperar terreno.
El desafío de llevar la recuperación a los hogares
La estrategia económica oficial apunta entonces a que el crecimiento de determinados sectores termine trasladándose al resto de la economía a través del crédito, la mayor circulación de dinero y la recuperación de los ingresos.
Por ahora, sin embargo, los tres mecanismos avanzan con limitaciones. El crédito crece principalmente en determinados segmentos, la remonetización se desarrolla lentamente y los ingresos de buena parte de la población todavía no consiguen despegar con claridad.
El desafío para el Gobierno será lograr que la recuperación macroeconómica tenga un impacto más visible sobre el consumo y el poder adquisitivo, especialmente a medida que se acerque el escenario electoral de 2027.
