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Bad Bunny convirtió el Super Bowl en una celebración latina y dejó un mensaje político ante millones

Bad Bunny fue el gran protagonista del Super Bowl LX y transformó el mediotiempo en algo más que un espectáculo musical. Frente a una audiencia global estimada en más de 130 millones de personas, el artista puertorriqueño desplegó un show cargado de símbolos culturales, referencias a Puerto Rico y mensajes de unidad latina, en un contexto atravesado por el debate migratorio en Estados Unidos.

“¡Qué rico es ser latino!”, lanzó apenas apareció en el campo de juego del Levi’s Stadium de Santa Clara. La frase marcó el tono de una presentación narrada íntegramente en español, atravesada por la identidad boricua y la experiencia de la diáspora latina en suelo estadounidense.

La puesta en escena funcionó como un videoclip en vivo. Palmeras, cañaverales, mesas de dominó y rincones que evocaban tanto al Viejo San Juan como a barrios emblemáticos de Nueva York sirvieron de marco para un recorrido visual y musical entre la isla y el continente. Vestido de blanco y con una pelota de fútbol americano, Bad Bunny abrió con Tití me preguntó y continuó con hits como Yo perreo sola y NUEVAYoL, mientras en las pantallas se repetía la palabra “PERREO” como emblema cultural global.

Uno de los momentos más destacados fue la aparición de invitados de peso internacional. Lady Gaga interpretó una versión con aire salsero de Die with a Smile y luego compartió escenario con el anfitrión en Baile inolvidable. Ricky Martin se sumó más tarde en Lo que le pasó a Hawaii, en un guiño generacional y una reivindicación explícita de las raíces latinas. También participaron figuras como Jessica Alba, Pedro Pascal y Young Miko.

El show incluyó escenas cargadas de simbolismo: una boda en vivo, un niño dormido sobre una mesa como referencia a celebraciones familiares y un tramo especialmente emotivo en el que el artista dialogó con su versión infantil. “Si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí”, expresó antes de cerrar con Debí tirar más fotos, su éxito más reciente.

El mensaje final fue claro: “Seguimos aquí”. Antes, Bad Bunny había resumido el espíritu de la noche con otra frase que resonó en todo el estadio: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. También bendijo a América y enumeró a los países del continente bajo la consigna “Juntos somos América”.

La presentación generó repercusiones políticas. El expresidente Donald Trump criticó duramente el espectáculo en redes sociales, cuestionando tanto el idioma como el contenido, lo que reavivó el debate sobre el lugar de la cultura latina en uno de los eventos más emblemáticos de Estados Unidos.

Más allá de la polémica, la actuación confirmó el peso cultural y simbólico de Bad Bunny en la industria global. Tras un año consagratorio, con múltiples premios Grammy y un álbum íntegramente en español reconocido como Álbum del Año, el artista volvió al Super Bowl —donde ya había participado en 2020— como protagonista absoluto, transformando el mediotiempo en una afirmación identitaria ante la audiencia más grande posible.

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