La reunión que el gobernador Juan Pablo Valdés mantendrá este lunes con el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, lejos de mostrar fortaleza política, deja al descubierto las debilidades de la gestión provincial y la falta de previsión financiera que arrastra Corrientes desde hace meses.
Presentada por el propio Gobierno como una audiencia “clave”, la visita al Palacio de Hacienda evidencia que la provincia depende hoy de negociaciones de último momento para intentar destrabar fondos básicos. Entre ellos, las regalías adeudadas por la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), recursos que deberían haber sido garantizados con anterioridad y cuya ausencia golpea de lleno al presupuesto provincial.
El reclamo por esas regalías no es nuevo, pero vuelve a escena en un contexto de estrechez fiscal que expone la incapacidad del Ejecutivo correntino para sostener sus cuentas sin auxilio nacional. Mientras tanto, el impacto ambiental y territorial de la represa sigue siendo absorbido por Corrientes, sin una compensación regular y previsible.
A esto se suma el problema de las obras públicas nacionales paralizadas. Proyectos viales y de infraestructura básica permanecen frenados desde hace meses, afectando la conectividad y el desarrollo productivo. La falta de avances no solo responde al ajuste nacional, sino también a la escasa capacidad de gestión del Gobierno provincial para defender sus prioridades y garantizar continuidad en las inversiones.
Desde el entorno de Valdés insisten en que se buscará una relación “constructiva pero firme” con la Nación. Sin embargo, puertas adentro crece la preocupación por una administración que llega tarde a las negociaciones, con obras detenidas, fondos reclamados y una provincia cada vez más condicionada por decisiones tomadas fuera de Corrientes.
