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Inflación 2026: nueva medición del IPC, ajustes pendientes y un desafío clave para el Gobierno

El cierre del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre dejó dos señales claras para el inicio de 2026. Por un lado, la inflación acumulada de 2025 fue del 31,5%, el nivel más bajo en los últimos ocho años. Por otro, el dato mensual de diciembre, con un 2,8%, resultó el más alto de los últimos nueve meses, lo que introduce cautela en las proyecciones para el nuevo año.

Pese a ese repunte puntual, la mayoría de los analistas coincide en que la inflación continuará desacelerándose durante 2026, aunque a un ritmo menor al previsto tanto en el Presupuesto nacional como en las proyecciones oficiales. Las estimaciones privadas se ubican, en promedio, entre el 20% y el 30% anual, muy por encima del 10,1% contemplado en la ley de Presupuesto y también del 20,1% que arrojó el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central.

El propio presidente Javier Milei planteó un escenario más optimista y aseguró que hacia agosto el IPC mensual comenzará “con cero”, es decir, por debajo del 1%. Sin embargo, por ahora, ninguna consultora privada valida ese escenario. Los pronósticos actuales anticipan una desaceleración gradual, pero con persistencia de presiones inflacionarias difíciles de erradicar en el corto plazo.

Un informe de Invecq, que proyecta una inflación del 25% para 2026, advierte que reducir la inflación desde niveles de tres a dos dígitos suele ser un proceso relativamente rápido, pero alcanzar registros de un solo dígito es considerablemente más complejo. Según experiencias internacionales, esa convergencia puede demandar entre seis y veinte años.

A este escenario se suma un cambio metodológico relevante. El próximo dato de inflación incorporará una nueva medición del IPC por parte del Indec, que otorgará mayor peso a rubros históricamente subrepresentados, como alquileres y servicios públicos, y reducirá la ponderación de otros, incluso dentro del rubro alimentos y bebidas.

Los datos oficiales de 2025 reflejaron una dinámica dispar: mientras los bienes subieron un 26% en el año, los servicios aumentaron un 43%. En ese contexto, el proceso de reducción de subsidios a tarifas de luz, gas y agua —que había quedado en pausa antes de las elecciones— aparece como uno de los principales factores de presión para 2026. En diciembre, además, la inflación núcleo se aceleró hasta el 3%, un dato seguido de cerca por los analistas.

Desde Equilibra señalaron que, de haberse aplicado la nueva metodología del IPC en diciembre, la inflación habría sido levemente mayor: 2,9% mensual y 32,2% anual en 2025. Ese dato relativiza las especulaciones sobre un eventual cambio de índice destinado a facilitar la desinflación.

La consultora LCG proyecta una inflación promedio del 27% para 2026 y estima que los primeros meses del año se moverán cerca del 2% mensual. Según su análisis, tres factores explican la desaceleración: la baja expectativa de devaluación, la apertura comercial que presiona sobre los precios y un nivel de actividad económica débil. Como contrapeso, advierte sobre los futuros aumentos en servicios públicos, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Por su parte, el IERAL de la Fundación Mediterránea prevé un escenario base de 23% para diciembre de 2026, con un rango posible de entre 18% y 30%, dependiendo del comportamiento de la demanda de pesos y de la acumulación de reservas del Banco Central. En un escenario favorable, con mayor remonetización y reservas por encima de los USD 9.500 millones, la inflación podría ubicarse por debajo del 20%. En uno más adverso, se mantendría cerca del 30%.

Los informes también alertan sobre la persistencia de la inercia inflacionaria. Algunas consultoras advierten que, si la actividad económica repunta, podrían reaparecer tensiones salariales o recomposición de márgenes empresariales, factores que hasta ahora se mantuvieron contenidos.

En síntesis, el consenso entre los analistas es que la inflación continuará bajando en 2026, pero a un ritmo más lento que el anticipado por el Gobierno. Aun así, el nuevo año mostraría registros más bajos que los de períodos anteriores y una continuidad en el proceso de desinflación, aunque con desafíos relevantes por delante.

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