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Baja la pobreza infantil en el país, pero Corrientes sigue entre las provincias donde los chicos pierden siempre

Los últimos datos oficiales del Indec muestran una fuerte disminución de la pobreza infantil por ingresos a nivel nacional, impulsada principalmente por la baja de la inflación, el aumento de la Asignación Universal por Hijo y la ampliación de la Tarjeta Alimentar. Sin embargo, detrás del promedio alentador, Corrientes vuelve a aparecer entre las provincias más rezagadas, con una reducción muy por debajo de la media y con uno de los niveles de pobreza infantil más altos del país.

Entre el primer semestre de 2024 y el mismo período de 2025, las provincias lograron reducir en promedio 23 puntos la pobreza infantil, superando incluso la baja registrada a nivel nacional, que fue de 20 puntos. No obstante, Corrientes figura entre los aglomerados urbanos donde menos descendió el indicador, con apenas 13,3 puntos, muy lejos de los distritos que encabezaron la mejora.

Mientras Formosa, La Rioja, Viedma, Gran Santa Fe y Bahía Blanca lograron reducciones significativas, Corrientes quedó relegada junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Gran La Plata, Gran Paraná y Río Gallegos, conformando el grupo donde el alivio fue mínimo. El contraste vuelve a dejar en evidencia las profundas desigualdades territoriales que atraviesan al país.

La situación se vuelve aún más crítica al observar los niveles actuales de pobreza infantil. Corrientes alcanza el 54,4%, ubicándose entre los cinco aglomerados con mayor proporción de niños y niñas bajo la línea de pobreza, solo por detrás de Gran Resistencia y Concordia. Más de la mitad de la infancia correntina vive hoy en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas.

Los números oficiales muestran una mejora coyuntural, pero también anticipan límites claros. Especialistas advierten que, de no modificarse las políticas estructurales, esta podría ser la última medición favorable para el Gobierno nacional, ya que en adelante los indicadores se contrastarán con niveles de inflación más estables, lo que reducirá el margen de mejora estadística.

En Corrientes, el problema va mucho más allá de la asistencia económica. La pobreza infantil se expresa en deterioro cognitivo, problemas de salud física y mental, retraso o abandono escolar y exclusión tecnológica. Son dimensiones que no se resuelven únicamente con transferencias monetarias y que requieren políticas públicas integrales, ausentes desde hace años.

A esto se suma otro fenómeno alarmante: la normalización social de la pobreza infantil. Los datos ya no conmueven, no generan reacción ni debate público. Mientras otros temas ocupan el centro de la agenda y movilizan reclamos, más de la mitad de los niños correntinos sigue creciendo en condiciones de privación extrema, sin que eso despierte una respuesta colectiva a la altura del problema.

Una vez más, las estadísticas confirman una realidad persistente: aunque algunos indicadores mejoren, en Corrientes los mismos sectores siguen perdiendo. Y entre ellos, los más afectados siguen siendo los chicos.

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