El fin de semana, el oficialismo correntino dejó correr con fuerza una danza de nombres para el gabinete del gobernador electo Juan Pablo Valdés, a pocas semanas de que asuma el 10 de diciembre. Pero lo que encendió todas las alarmas fue otra cosa: el propio mandatario electo deslizó que podría reducir la estructura ministerial, alimentando versiones de un fuerte recorte del Estado provincial.
El comentario no pasó inadvertido. Valdés habló de “trabajar con menos estructura ministerial” durante la fiesta del búfalo en Caá Catí, donde se mostró distendido junto al intendente local, quien –según trascendidos oficiales– sería uno de los nombres ya reservados para el próximo gabinete, posiblemente al frente del Instituto de Cultura.
A la lista de posibles incorporaciones se suman los jefes comunales de Mocoretá y Curuzú Cuatiá, que culminan sus mandatos el 10 de diciembre. Todas son señales que sectores cercanos al poder leen como movimientos de armado político acelerado, aunque por ahora no pasan de especulaciones.
Austeridad y señales de ajuste
Más allá de los nombres, lo que realmente inquietó fue el mensaje económico del gobernador electo. Valdés habló sin rodeos de austeridad, “recursos limitados” y la necesidad de “cuidar los pesos”.
Incluso lanzó una advertencia que dejó más dudas que certezas:
“No estamos holgados como antes. Hay que administrar. Son otros tiempos y otra administración”.
Mientras tanto, hubo silencio total sobre dos temas sensibles para los trabajadores estatales:
- si habrá aumentos salariales,
- y si el Gobierno otorgará bonos de fin de año.
La falta de definiciones, sumada al anticipo de recortes en la estructura estatal, comienza a generar inquietud en el sector público correntino, que espera señales claras antes del cambio de mando.
