Corrientes atraviesa una crisis sanitaria alarmante: según los últimos datos del Ministerio de Salud de la Nación, la provincia registra una tasa de mortalidad infantil de 13,5 por cada mil nacidos vivos, el segundo valor más alto de Argentina, sólo detrás de Formosa.
El dato refleja un retroceso preocupante en materia de salud pública. En 2009, cuando Ricardo Colombi asumió como gobernador, el índice superaba los 17 puntos. Tras políticas de inversión en infraestructura, salarios y programas sanitarios, se logró reducirlo a 10 puntos en 2017. Sin embargo, desde que la administración quedó en manos de Gustavo Valdés, el indicador creció más de un 30%.
La comparación regional deja a Corrientes aún más expuesta: mientras Chaco alcanza los 10,5 puntos y Misiones apenas supera los 8, la provincia casi duplica los resultados de su vecina.
“La mortalidad infantil muestra las condiciones reales de vida de la niñez. Que Corrientes esté en esta situación significa que los chicos nacen y crecen en un contexto de pobreza, falta de acceso a servicios básicos y con un sistema de salud colapsado”, cuestionan desde el sector sanitario.
Ricardo Colombi, candidato a gobernador, fue tajante: “El personal de la salud hace lo que puede, con mucha vocación, pero no tiene recursos. El gobernador prefiere destinar el dinero en un palco VIP para los carnavales, mientras siguen muriendo chicos”.
La cifra, que debería generar políticas urgentes de prevención, nutrición y fortalecimiento de hospitales, pone en evidencia que la salud pública no es prioridad para la gestión provincial.

