El despido de Claudia Soveron, empleada municipal de Alvear y candidata a concejal por el espacio Encuentro por Corrientes (ECO), desató una ola de indignación y denuncias de persecución política en la localidad. Claudia, madre de familia y trabajadora barrendera del municipio, fue cesanteada de forma arbitraria luego de anunciar su participación en las elecciones del 31 de agosto como parte de la lista que encabeza Ricardo Colombi a nivel provincial.
La decisión habría sido tomada directamente por el intendente municipal, Hugo Salvarredy, alineado con el oficialismo provincial, quien no dio explicación formal alguna sobre la remoción, dejando a una mujer trabajadora sin sustento ni respaldo, en un claro gesto de intolerancia política y abuso de poder.
Lejos de ser un caso aislado, el de Claudia se suma a una preocupante tendencia de despidos selectivos y represalias contra empleados que no responden al partido gobernante. Desde el espacio ECO Alvear denunciaron que “los trabajadores son usados como rehenes del poder municipal” y advirtieron que “la gestión viene en picada y el miedo reemplazó al diálogo”.
Claudia Soveron representa un símbolo de dignidad: decidió participar democráticamente en política, en representación de los trabajadores más postergados, y su castigo fue quedar en la calle. Su historia evidencia el costado más oscuro del poder local: aquel que pretende perpetuarse disciplinando con el látigo del despido.
Mientras tanto, las autoridades provinciales guardan silencio. ¿Hasta cuándo se permitirá que el empleo público sea usado como botín político? ¿Dónde queda el discurso oficial de inclusión y derechos cuando se despide a una madre trabajadora solo por pensar distinto?

