En el marco de la solemnidad de Todos los Santos, monseñor Domingo Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, compartió una reflexión sobre el significado de las bienaventuranzas y su importancia en el camino de la santidad. El religioso señaló que estas enseñanzas de Jesús reúnen las principales exigencias del Evangelio y representan una guía para quienes buscan vivir de acuerdo con la fe cristiana.
Castagna recordó que durante esta celebración la Iglesia honra tanto a los santos reconocidos oficialmente como a aquellas personas que alcanzaron la santidad sin recibir una canonización. Según expresó, todos ellos tienen una característica en común: el amor a Dios y a sus semejantes.
En ese sentido, destacó que el amor constituye una de las principales señales de identidad de los discípulos de Cristo. Para fundamentar su reflexión, recordó las palabras de Jesús en el Evangelio de Juan: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros”.
El arzobispo emérito sostuvo que los mandamientos y las bienaventuranzas conforman el núcleo de las enseñanzas cristianas. También señaló que los santos representan ejemplos concretos de cómo llevar esos principios a la vida cotidiana, mediante la práctica de las virtudes y el compromiso con los demás.
Uno de los puntos centrales de su mensaje estuvo relacionado con la primera bienaventuranza: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”. A partir de esa enseñanza, Castagna explicó que la humildad y la pobreza de corazón constituyen el fundamento sobre el que se construye la vida cristiana.
“La pobreza del alma guarda el secreto de la santidad”, afirmó. Además, advirtió sobre la soberbia, a la que definió como uno de los principales obstáculos para la transformación espiritual de las personas y para la acción de Dios en sus vidas.
En su reflexión, también relacionó las bienaventuranzas con distintas actitudes que forman parte de la práctica cotidiana de la fe, como la paciencia, la misericordia, la búsqueda de justicia, la pureza de corazón y el compromiso con la paz. Según planteó, esas virtudes permiten acercarse al ejemplo de Cristo, incluso frente al sufrimiento y las dificultades.
Castagna remarcó además que el llamado a la santidad no está reservado a un grupo reducido de personas, sino que alcanza a todos los bautizados, independientemente de su edad o condición de vida. En ese marco, sostuvo que el Bautismo implica un compromiso permanente de transformación espiritual y de fidelidad al Evangelio.
El religioso también señaló que vivir de acuerdo con la fe requiere algo más que identificarse públicamente como cristiano. Consideró que la Iglesia tiene la misión de mantener vigente ese compromiso a través del testimonio de sus integrantes y de promover la conversión y la renovación de la vida espiritual.
Finalmente, el arzobispo emérito recordó el papel de los santos como intercesores y compañeros de los creyentes. Los describió como “nuestros hermanos y entrañables amigos” e invitó a recurrir a ellos mediante la oración, especialmente en los momentos de dificultad.
De esta manera, su mensaje por Todos los Santos puso el acento en la humildad, el amor al prójimo y la práctica de las virtudes evangélicas como elementos centrales para avanzar en el camino de la santidad.



