Israel inició una etapa de negociaciones políticas tras las elecciones parlamentarias, en las que el partido de Benjamín Netanyahu quedó como la principal fuerza, pero sin una mayoría suficiente para asegurar la formación del próximo gobierno. Con un Parlamento de 120 bancas, el resultado dejó abiertas distintas alternativas de coalición y trasladó la definición al terreno de los acuerdos entre partidos.
El politólogo y analista internacional especializado en Medio Oriente Kevin Levin sostuvo, en una entrevista con Infobae, que los resultados deben interpretarse en el contexto de la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023, la guerra posterior y los cuestionamientos internos sobre las responsabilidades políticas y militares.
“Hubo muchos temas alrededor de esta elección que muchos israelíes entendieron como tal vez las elecciones más decisivas de la historia del país”, afirmó.
La participación electoral rondó el 78% del padrón, de acuerdo con el análisis de Levin. Para el especialista, la votación estuvo atravesada por divisiones políticas, sociales, religiosas y geográficas, además de las discusiones sobre seguridad y el rumbo del conflicto regional.
Netanyahu obtuvo la mayor cantidad de bancas, pero necesita aliados
La fuerza de Netanyahu consiguió alrededor de 27 escaños, lo que la ubicó como el partido más grande del Parlamento. Sin embargo, ese resultado no le garantiza los votos necesarios para formar un gabinete y controlar la mayoría legislativa.
“El bloque de Netanyahu, si dividimos en esos tres bloques, es el más grande”, explicó Levin. No obstante, los partidos que rechazan una nueva conducción del primer ministro podrían reunir cerca de 66 bancas, una cifra que les daría una ventaja numérica si consiguieran alcanzar un acuerdo.
“El voto anti Netanyahu fue más grande que el voto pro Netanyahu”, señaló el analista. La principal dificultad para la oposición es que ese espacio reúne agrupaciones con diferencias ideológicas y posiciones distintas sobre la política de seguridad, las relaciones regionales y el futuro de la guerra.
La primera decisión institucional estará en manos del presidente Isaac Herzog, quien deberá designar al dirigente que considere con mayores posibilidades de reunir los apoyos necesarios. Según Levin, el proceso de negociaciones podría extenderse hasta seis semanas.
Mientras no se concrete la formación de un nuevo gabinete, Netanyahu continuará al frente del Ejecutivo, aunque el Parlamento surgido de las elecciones deberá avanzar en la definición de una mayoría de gobierno.
La guerra y el servicio militar, entre los ejes de la campaña
La oposición centró parte de sus cuestionamientos en las fallas militares y civiles que precedieron al ataque de Hamás y en la gestión posterior del conflicto. También reclamó una comisión estatal de investigación para esclarecer las responsabilidades por los acontecimientos del 7 de octubre.
Otro de los puntos de tensión fue la alianza de Netanyahu con los partidos ultraortodoxos, especialmente por las exenciones al servicio militar. En un país donde numerosos ciudadanos cumplen funciones de reserva, esa política generó malestar entre sectores que consideran desigual la distribución de las obligaciones militares.
“Eso hizo que otro sector de la sociedad sintiera que estaba sobredemandado”, explicó Levin.
El oficialismo, por su parte, presentó la seguridad nacional como uno de los principales argumentos de campaña y describió a sus adversarios como un riesgo para la posición de Israel en la región. “Es la derecha o Palestina”, resumió el politólogo al referirse a la estrategia de polarización utilizada por Netanyahu frente a las presiones internacionales para poner fin a la guerra.
Gadi Eisenkot busca una alternativa con diferencias diplomáticas
Entre las figuras de la oposición, Gadi Eisenkot aparece como uno de los dirigentes que podría disputar la conducción política. Sin embargo, sus posiciones en materia de seguridad mantienen puntos de coincidencia con las de Netanyahu, particularmente en relación con Irán, Gaza y el sur del Líbano.
“Eisenkot no representa un desvío fundamental de la postura de Netanyahu”, sostuvo Levin. Según su análisis, las principales diferencias se encuentran en la estrategia política y diplomática que debería acompañar las decisiones militares.
La posibilidad de que Eisenkot reúna una mayoría dependerá de su capacidad para conseguir el respaldo de sectores diversos, incluidos partidos que mantienen desacuerdos sobre la relación con Hamás y el enfoque de seguridad.
Los partidos árabes ganaron representación y pueden influir en los acuerdos
Las listas de los partidos árabes también podrían desempeñar un papel relevante en las negociaciones. Levin estimó que alcanzarían entre 17 y 18 escaños, una representación inédita en el Parlamento israelí, por encima del máximo anterior de 15 bancas registrado en 2015.
En la elección participaron cuatro partidos agrupados en dos listas, con posiciones que abarcan desde el nacionalismo árabe y las corrientes religiosas hasta sectores pragmáticos y la tradición política de Hadash.
Una de las listas concentró su campaña en demandas vinculadas con la vida cotidiana de los ciudadanos árabes de Israel, como infraestructura, empleo, educación e integración universitaria. Según Levin, el respaldo de las comunidades beduinas del sur del país tuvo especial importancia para ese espacio.
Aunque esos votos podrían resultar decisivos para una eventual coalición opositora, las diferencias sobre Hamás y la política de seguridad representan un obstáculo para alcanzar un acuerdo.
La situación judicial de Netanyahu también forma parte de las negociaciones
El futuro judicial del primer ministro constituye otro elemento que podría influir en la conformación del próximo gobierno. Levin planteó que una eventual salida de Netanyahu de la política podría abrir la posibilidad de un acuerdo de unidad que incluya al Likud, su partido, pero con otro dirigente al frente.
“Si la solución es un gobierno con el Likud, puede ser que Netanyahu negocie una amnistía”, sostuvo el analista. Esa alternativa, según su interpretación, podría contribuir a destrabar las conversaciones, aunque por el momento no existe un acuerdo confirmado.
Levin también señaló que Herzog podría tener un papel en una eventual amnistía y remarcó la importancia de la decisión presidencial sobre quién recibirá el encargo de formar gobierno.
Mientras continúan las conversaciones en Jerusalén, la situación de seguridad regional seguirá condicionando las decisiones políticas. Irán, Hezbolá y Hamás permanecen entre las principales preocupaciones de Israel, en un contexto en el que la conducción del país y el futuro de la guerra siguen sin una definición definitiva.
En ese escenario, Netanyahu defendió la necesidad de avanzar rápidamente en la formación de un gobierno y sostuvo que Israel debe continuar con sus objetivos frente a Irán. Eisenkot, por su parte, advirtió sobre los riesgos de utilizar la estructura militar con fines políticos.



