Los líderes de los movimientos nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte firmaron un memorando de entendimiento en el que plantearon avanzar hacia la independencia de sus respectivas regiones y reclamaron al Gobierno central la posibilidad de realizar referendos.
El documento fue suscripto en Cardiff por el ministro principal de Escocia, John Swinney, el líder del Gobierno galés, Rhun ap Iorwerth, y la dirigente norirlandesa Michelle O’Neill. Los tres firmaron en representación de sus partidos y no como una declaración conjunta de los gobiernos regionales.
El acuerdo constituye un hecho político inédito, aunque cada territorio mantiene sus propios procedimientos, antecedentes y posiciones internas respecto de una eventual separación del Reino Unido.
Un reclamo conjunto con procesos diferentes
Los dirigentes sostuvieron que las regiones deben tener la posibilidad de decidir sobre su futuro político y cuestionaron la capacidad de Westminster para impedir la convocatoria de consultas populares.
Sin embargo, el documento no establece un calendario común para los referendos. Cada una de las tres regiones avanzaría según sus propias circunstancias políticas, una diferencia importante debido a las particularidades históricas y electorales de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
El Gobierno central, encabezado por Andy Burnham, rechaza por el momento otorgar una autorización general para nuevos referendos de independencia.
Un proceso de unión que llevó siglos
La actual estructura del Reino Unido es consecuencia de distintos procesos de integración. Gales quedó incorporado políticamente a Inglaterra en 1536, mientras que la unión entre Inglaterra y Escocia se concretó en 1707.
Irlanda se incorporó al Reino Unido en 1801, aunque la situación cambió más de un siglo después. Tras la guerra de independencia irlandesa, en 1922 se consolidó la separación entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, que permaneció dentro del Reino Unido.
En Irlanda del Norte, las diferencias entre quienes defendían la permanencia en la unión y quienes promovían la reunificación con Irlanda derivaron en un conflicto conocido como The Troubles, que se extendió durante más de tres décadas y dejó más de 3.600 muertos.
El proceso de paz tuvo un punto central en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que contempla la posibilidad de realizar un referendo sobre el futuro constitucional de Irlanda del Norte si existen las condiciones previstas por el acuerdo.
Escocia y el antecedente del referendo de 2014
El independentismo escocés ganó protagonismo especialmente desde las décadas de 1980 y 1990, en un contexto marcado por la desindustrialización y cambios en el escenario político británico.
El Partido Nacional Escocés (SNP) logró posteriormente consolidarse como una de las principales fuerzas políticas de la región y consiguió que el Gobierno de David Cameron autorizara el referendo de independencia de 2014.
En aquella consulta, el 55% de los votantes rechazó la independencia, mientras que el 45% se pronunció a favor.
Uno de los elementos que influyeron en el debate fue la posibilidad de que una Escocia independiente quedara fuera de la Unión Europea. Dos años después, el Reino Unido votó a favor del Brexit, mientras que Escocia había respaldado mayoritariamente la permanencia en el bloque.
Para el independentismo escocés, esa diferencia modificó las condiciones políticas respecto de 2014 y volvió a colocar la relación con la Unión Europea en el centro de la discusión.
Gales enfrenta un escenario diferente
En Gales, el nacionalismo también atraviesa un momento de crecimiento, aunque el escenario electoral presenta diferencias respecto de Escocia.
El partido Plaid Cymru logró una fuerte performance en las elecciones de mayo de 2026 y se convirtió en la primera minoría, por delante del laborismo y detrás de Reform UK.
A diferencia de sus pares escoceses y norirlandeses, el liderazgo galés mantiene un discurso más enfocado en obtener mayores niveles de autonomía y no plantea necesariamente una fecha inmediata para una consulta independentista.
La posibilidad de avanzar hacia la separación también enfrenta resistencia dentro de la propia sociedad galesa, por lo que el resultado de una eventual consulta no aparece definido.
Irlanda del Norte y el debate sobre la reunificación
La situación norirlandesa tiene un marco jurídico diferente debido al Acuerdo de Viernes Santo. Sinn Féin, fuerza nacionalista a la que pertenece Michelle O’Neill, sostiene que existe un derecho a decidir sobre una eventual reunificación con Irlanda.
El desafío político pasa por determinar si existen las condiciones necesarias para convocar una consulta sin generar nuevas tensiones entre las comunidades unionista y nacionalista.
Por ese motivo, cualquier avance hacia un referendo podría tener consecuencias políticas relevantes en una región donde las divisiones derivadas del conflicto todavía forman parte del debate público.
El planteo y su relación con Malvinas
El reclamo por la autodeterminación también genera un punto de interés en relación con la disputa entre Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas.
Los dirigentes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte utilizaron el principio de autodeterminación para fundamentar su derecho a decidir sobre su futuro. En el caso de Irlanda del Norte, además, ese principio está contemplado dentro del marco establecido por el Acuerdo de Viernes Santo.
Desde la perspectiva argentina, el debate plantea una cuestión política y diplomática sobre el uso de ese principio en distintos conflictos territoriales. El Reino Unido sostiene que la situación de las Malvinas es diferente y defiende la autodeterminación de los habitantes de las islas como uno de los fundamentos de su posición.
La comparación, por lo tanto, forma parte de una discusión política y diplomática más amplia y no implica que los procesos constitucionales de las tres regiones británicas y la disputa por Malvinas tengan el mismo marco jurídico.
Trump expresó su respaldo a una Irlanda unificada
El debate también recibió una declaración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien durante una visita a Irlanda manifestó públicamente que le gustaría ver una Irlanda unificada.
Trump señaló que, en su opinión, una eventual reunificación debería producirse y consideró que sería algo positivo, aunque reconoció que el Reino Unido tendría una posición al respecto.
La declaración agregó un elemento internacional a una discusión que, por ahora, se desarrolla principalmente dentro del sistema político británico.
El memorando firmado en Cardiff no implica la disolución inmediata del Reino Unido ni garantiza la realización de referendos. Sí representa, en cambio, una coordinación política poco habitual entre tres territorios con movimientos nacionalistas que buscan ampliar su capacidad de decisión y que ahora colocan nuevamente en el centro del debate el futuro de la unión británica.
