El desarrollo de Vaca Muerta se consolida bajo una lógica orientada a la exportación de hidrocarburos, según coinciden referentes del sector energético. Esta visión implica priorizar los mercados internacionales por sobre el abastecimiento interno con energía a bajo costo.
Desde la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) sostienen que mantener los precios locales alineados con los valores internacionales es clave para incentivar inversiones y expandir la producción. Bajo este esquema, los combustibles en el país tienden a regirse por la cotización global, aun cuando Argentina disponga de recursos suficientes para abastecer su demanda durante décadas.
El modelo plantea que los beneficios para la economía local llegarían de manera indirecta, a través de un mayor superávit energético, reducción del déficit fiscal y generación de divisas. Sin embargo, deja en segundo plano la posibilidad de utilizar la energía como motor de desarrollo industrial con costos más competitivos.
Las proyecciones del sector son ambiciosas: se espera que la producción de petróleo crezca de forma sostenida en los próximos años, impulsada principalmente por el desarrollo no convencional. Esto podría duplicar los niveles actuales hacia 2035, con un fuerte impacto en la balanza comercial energética.
No obstante, alcanzar esos objetivos requerirá inversiones millonarias y un alto nivel de financiamiento externo. Las empresas del sector ya lideran la emisión de deuda en dólares para sostener ese crecimiento, en un contexto donde el flujo de caja propio resulta insuficiente.
En paralelo, el escenario internacional —marcado por tensiones geopolíticas— podría influir en los precios y en la disponibilidad de insumos clave, aunque también posiciona a Argentina como un proveedor más confiable en términos de seguridad energética.
