Las expectativas del sector supermercadista para el inicio de 2026 muestran un escenario ambiguo, con señales de estabilización y moderado optimismo en las ventas, pero con previsiones de aumentos de precios y posibles recortes de empleo. Así lo refleja la última Encuesta de Tendencia de Negocios a Supermercados y Autoservicios Mayoristas publicada por el Indec.
De acuerdo al relevamiento, que analiza el trimestre diciembre de 2025–febrero de 2026, el 35% de las empresas consultadas anticipa una mejora en su situación comercial, mientras que el 57,5% cree que se mantendrá sin cambios y apenas el 7,5% espera un empeoramiento. El balance de expectativas se ubicó en 27,5 puntos, marcando una percepción más favorable respecto del corto plazo, pese a que la evaluación del presente continúa siendo mayormente neutral o negativa.
En cuanto al volumen de pedidos a proveedores, la mayoría de las firmas (58,8%) no prevé variaciones, aunque un 23,8% anticipa una reducción y solo un 17,5% espera un aumento. El balance resultó negativo (-6,3 puntos), lo que sugiere una planificación prudente y una demanda aún contenida en los primeros meses del año.
El empleo aparece como uno de los puntos más sensibles del informe. Si bien el 73,8% de las empresas no espera cambios en la dotación de personal, un 20% anticipa una disminución y apenas el 6,3% proyecta incorporaciones. El balance fue de -13,8 puntos, reflejando que las expectativas de despidos superan a las de contratación, aunque predomina la idea de estabilidad.
Respecto a los precios, más de la mitad de los supermercados consultados (51,3%) prevé aumentos en los valores promedio de venta durante el próximo trimestre, mientras que el 46,3% no espera cambios y solo un 2,5% estima una baja. Aunque este indicador no integra el cálculo del Índice de Confianza Empresarial, aporta una señal clara sobre la presión inflacionaria esperada por el sector.
El informe también contrasta estas expectativas con la evaluación de la situación actual: en noviembre de 2025, el 61,3% de las empresas calificó su presente como “normal”, el 30% como “malo” y apenas el 8,8% como “bueno”. Ese diagnóstico explica por qué el optimismo se apoya más en el futuro inmediato que en la realidad vigente.
