En una jornada marcada por fuertes gestos simbólicos, el Papa León XIV encabezó este domingo la IX Jornada Mundial de los Pobres y el Jubileo de los Pobres, una iniciativa impulsada originalmente por el Papa Francisco, a quien recordó con un cálido homenaje durante el almuerzo comunitario celebrado en el Aula Paulo VI del Vaticano.
Un mensaje directo a los líderes globales
Durante la misa en la Basílica de San Pedro, ante seis mil fieles, León XIV pidió a los jefes de Estado y responsables de las naciones “escuchar el grito de los más pobres” y advirtió que “no podrá haber paz sin justicia”.
El Pontífice subrayó que la pobreza no es solo un drama material:
- “Hay pobrezas espirituales y morales que afectan sobre todo a los jóvenes”.
- “El drama transversal que atraviesa todas las pobrezas es la soledad”.
Reclamó promover una “cultura de la atención” desde la familia, la escuela, el trabajo y hasta el mundo digital.
Un almuerzo compartido con 1.300 personas
Tras la celebración, León XIV almorzó con 1.300 personas en situación de vulnerabilidad, entre ellos unos 50 transexuales. “Un fuerte aplauso para el Papa Francisco”, pidió antes de sentarse a la mesa.
El menú incluyó lasaña de verduras, pollo con guarnición y babá napolitano; al finalizar, los asistentes recibieron mochilas con productos de higiene y alimentos.
Memoria, derechos humanos y presencia latinoamericana
Entre los presentes se destacó la religiosa Genevieve Jeanningros, sobrina de Léonie Duquet, desaparecida en Argentina en 1977 durante la dictadura militar. Jeanningros mantiene un histórico compromiso con los juicios por delitos de lesa humanidad en Roma y fue cercana al Papa Francisco.
El llamado a la paz y el dolor por Ucrania
En el Ángelus, León XIV volvió a condenar las guerras y alertó sobre las “persecuciones con palabras”:
“Las guerras se libran también con la mentira y la manipulación”, dijo.
Expresó su pesar por los recientes ataques contra ciudades ucranianas, incluidos bombardeos en Kiev:
“Dejan a las familias sin casa mientras avanza el frío. No podemos acostumbrarnos a la destrucción”.
Reclamó una “paz justa y estable” y reafirmó que el bien común debe guiar todo accionar público frente a un mundo atravesado por desigualdades y un desarrollo tecnológico “sin escrúpulos”.
