El gobernador electo Juan Pablo Valdés volvió a prometer “una gestión eficiente y orientada al trabajo en equipo”, pero sus primeras declaraciones dejan más dudas que certezas. En plena transición con el gobierno de su hermano, Gustavo Valdés, el joven mandatario intenta mostrarse dialoguista y moderno, aunque evita hablar de la crisis laboral, la parálisis de obras públicas y los reclamos salariales que deja la actual gestión radical.
En diálogo con Radio Dos, Valdés reconoció que el armado del Presupuesto Provincial depende del nacional, lo que expone la fragilidad de las cuentas correntinas, pese a años de anuncios de “equilibrio fiscal”. Además, deslizó que, si Nación recorta fondos educativos, la Provincia “podría asumir el financiamiento”, una afirmación que choca con los recientes despidos en áreas clave como Vialidad Urbana.
Mientras promete “ministros expeditivos y comprometidos”, el gobernador electo mantiene hermetismo sobre los nombres del nuevo gabinete, que en su mayoría serían los mismos funcionarios del actual gobierno, cuestionado por falta de transparencia y exceso de propaganda.
La apuesta de Valdés hermano es mostrarse como un “renovador” dentro del radicalismo, aunque su discurso repite el libreto oficialista: estabilidad política, previsibilidad económica y diálogo con Nación. Sin embargo, la realidad provincial —con salarios magros, inflación sostenida y un aparato estatal saturado de precarización— pone en duda su capacidad de concretar esas promesas.
Incluso en su intento de diferenciarse, Juan Pablo terminó reivindicando el modelo de su hermano: “Romper la polarización y sostener la estabilidad”. Pero la ciudadanía comienza a exigir algo más que discursos y fotos familiares.
