Después de más de dos años de cautiverio en Gaza, los 20 rehenes israelíes liberados comienzan a reconstruir sus vidas. Sus relatos, atravesados por el dolor, el aislamiento y el hambre, también reflejan la fuerza de volver a empezar.
Los abrazos, las lágrimas y los silencios dicen más que las palabras. Para muchos, ver la luz del sol, elegir cuándo comer o simplemente dormir sin miedo son hoy gestos de libertad. “Lo primero que necesitan es recuperar el control sobre sus acciones”, explicó la psicóloga Einat Kauffman, quien trabaja con los liberados.
Entre ellos, Avinatan Or —secuestrado en el Festival Nova— pasó 738 días completamente solo. Perdió más de un tercio de su peso, pero recuperó su sonrisa al reencontrarse con su pareja, Noa Argamani, también rehén. “Querían fumar un cigarrillo juntos, como símbolo de libertad”, contó un familiar.
Los gemelos Gali y Ziv Berman, separados durante todo el cautiverio, se abrazaron por primera vez en la base militar de Re’im. Ese abrazo, transmitido en pantallas en Tel Aviv, se volvió símbolo de un país que aún llora y celebra a la vez.
Cada historia revela una batalla distinta: encierros prolongados, manipulación psicológica y meses sin contacto humano. Pero también la capacidad de resistir y volver a sentir. Los especialistas advierten que el proceso recién comienza: “Vamos a acompañarlos al ritmo que ellos marquen. Si quieren reír, reímos. Si quieren callar, callamos”.
El regreso a casa no borra el pasado, pero abre la posibilidad de sanar. Y en cada abrazo, los sobrevivientes vuelven a reconocerse como dueños de su propia historia.
