Titulares

La sórdida trama narco detrás del triple crimen de Brenda, Morena y Lara

Los investigadores del triple femicidio en Florencio Varela sumaron nuevas pruebas que apuntan directamente a Tony Janzen Valverde Victoriano, alias Pequeño J. En un allanamiento realizado en la noche del viernes en una vivienda donde solía refugiarse, la policía secuestró una pistola Glock calibre 40, un pasaporte nuevo, recibos de transferencias a Perú por cientos de miles de dólares y documentación sobre un esquema de recaudación a través de Mercado Pago.

La principal hipótesis es que el joven narco de 23 años está huyendo, posiblemente hacia una base que tendría en Jujuy, con destino final a Perú. Valverde estaría vinculado a viejos clanes de la cocaína del sur de la Ciudad de Buenos Aires, herederos de Sendero Luminoso y de bandas como las de Marcos Estrada y “Dumbo”. La disputa por ese territorio habría motivado sangrientas represalias, en un entramado encubierto durante años por policías federales y porteños.

La causa judicial avanza con el testimonio de un chofer de aplicación que trasladó a dos personas embarradas desde la casa donde masacraron a las chicas hasta otro domicilio cercano. Allí se encontró la pala utilizada para cavar el pozo en el que fueron enterrados los cuerpos. Según el fiscal Adrián Arribas, el crimen fue planificado con antelación: la camioneta utilizada era robada y los poceros estuvieron en la vivienda horas antes del ataque.

La filmación de la masacre, transmitida a más de 40 integrantes de la banda, fue realizada por Miguel Ángel Villanueva Silva, hoy detenido. En esa grabación, los asesinos habrían acusado a una de las víctimas de haberse quedado con dinero o droga. Se trató, según sostienen los investigadores, de una venganza brutal.

Mientras tanto, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich buscó mostrarse activa al anunciar la captura en Bolivia de un supuesto implicado, aunque su nombre no figuraba en la causa. Las críticas apuntan a la falta de control en fronteras y al desinterés en investigar el lavado de dinero, pese a las pruebas de transferencias internacionales y cobros digitales.

Más allá de la disputa narco, el trasfondo social también pesa: la pobreza, el cierre de comedores y la falta de oportunidades dejan a jóvenes como Brenda, Morena y Lara expuestas al poder del narcotráfico. El triple crimen no sólo reveló la ferocidad de las bandas, sino también la ausencia del Estado en barrios donde los narcos terminan reemplazando la asistencia.

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