Mauricio Macri permanece solo y en silencio, intentando evitar que el PRO, el partido que construyó durante décadas, se desintegre. Visita antiguos aliados, recupera exiliados del partido y se reúne con gobernadores, mientras delega en Cristian Ritondo las negociaciones con La Libertad Avanza (LLA) en la provincia de Buenos Aires, un acuerdo que considera podría ser un fracaso o resultar humillante para el PRO. Recluido en su círculo íntimo, Macri busca minimizar las pérdidas ante la estrategia de cooptación de los hermanos Milei.
La relación de Macri con el Gobierno es conocida: pasó de intentar armar el gabinete de Javier Milei a quedar marginado, viendo cómo Patricia Bullrich, ex presidenta del PRO, se unía al oficialismo. Asumió la presidencia del partido para limpiar a los bullrichistas, pero la relación con Milei osciló entre reuniones amistosas y tensiones en el Congreso, donde el PRO marcó distancia sin romper del todo. Sin embargo, no pudo evitar las fugas hacia LLA. Fastidiado, afirmó que los que se fueron “tenían precio” y los que quedaron eran “puros”. Sebastián Pareja, aliado de Karina Milei, respondió: “No tienen precio en el PRO… están regalados”.
Tras la derrota en las elecciones desdobladas de CABA, donde el PRO perdió su bastión frente a LLA, Macri dejó el país y dio vía libre a Ritondo para negociar en PBA. Sin embargo, no cree en el éxito de un acuerdo que, a lo sumo, dejaría al PRO con poco o nada, confirmando una relación de subordinación a Karina Milei. Además, no ve posibilidades de replicar este pacto en otras provincias. En CABA, las relaciones con LLA están rotas, con gestos como el rechazo de Milei a saludar a Jorge Macri, quien despidió al asesor catalán Antoní Gutiérrez Rubí y anunció un cambio de gabinete que no se concretó.
En Corrientes, Macri asistió a un acto con el gobernador Gustavo Valdés, reforzando la alianza con la UCR y evitando que el PRO local se acercara a LLA. Allí, intervino el partido para mantenerlo dentro del frente gobernante, que enfrentará a LLA en las elecciones provinciales de agosto y probablemente en las nacionales de octubre. Este patrón se repite en la mayoría de las provincias, donde los acuerdos con LLA son improbables por dinámicas locales.
Macri también trabaja en recomponer vínculos, como su reciente reunión con Emilio Monzó, ex armador electoral y expresidente de la Cámara de Diputados, marginado en el pasado por Marcos Peña. La charla, descrita como “amena”, mostró sintonía con las ideas de Monzó de construir un espacio de centro, aunque no está claro si esto derivará en una reedición de Cambiemos.
En público, Macri guarda silencio, pero multiplica reuniones con dirigentes del PRO para contener al partido frente a los “cantos de sirena” de los Milei. Su entorno señala que la prioridad es “perder lo menos posible”. Más solo que nunca, con un círculo reducido, Macri espera un error del Gobierno o una caída en la imagen positiva de Milei, a quien subestimó tras el escándalo de Libra. Busca un momento para un “retorno calabrés”, cobrándose las afrentas acumuladas, aunque no está claro si ese momento llegará.
