Titulares

La foto de siempre y el cierre de nada

Por estos días, el gobernador Gustavo Valdés parece haber encontrado su agenda de gestión en las inauguraciones que no incomodan a nadie: 21 cuadras de cordón cuneta, una plaza reacondicionada, un acto en un club de barrio. Todo con foto, acto, discurso y transmisión oficial. La postal es idéntica a la de hace 25 años. Pero lo que cambia es el relato: ahora se habla de “cierre de ciclo” y de “generosidad para irse”.

Llama la atención que quien aspiró a la presidencia de la Nación termine justificando su legado con ripio y luminarias led. No hay gestión sin obra pública estructural, sin inversión productiva, sin planificación del desarrollo. Pero Corrientes asiste a un cierre de ciclo que, lejos de marcar un salto hacia adelante, se parece más a una vuelta a los mínimos: administrar sin molestar, hacer sin incomodar y construir sin transformación.

La política no se mide por el número de cuadras enripiadas ni por el tiempo que uno ocupa el poder, sino por la calidad de los caminos que deja abiertos. Y acá es donde el discurso oficial muestra su grieta más profunda. Porque mientras se repiten frases sobre la renovación, lo que se nota es una necesidad casi desesperada de controlar la sucesión, de disciplinar a los aliados y de evitar todo lo que suene a autonomía política.

Cuando se habla de “cerrar ciclos”, hay que tener mucho cuidado con las palabras. Porque si algo define a un ciclo político no es la permanencia de una persona, sino la vigencia de un modelo. Y ese modelo, con sus luces y sombras, fue el que permitió sostener institucionalidad, orden y previsibilidad en una provincia históricamente castigada.

Los últimos movimientos del oficialismo revelan otra cosa: un liderazgo que se resiste a soltar, pero que tampoco quiere compartir. Que se muestra firme en el escenario, pero que detrás del telón negocia candidaturas con más apuro que claridad. Que intenta borrar con discursos grandilocuentes lo que aún no pudo construir con hechos.

Y mientras tanto, los correntinos siguen esperando algo más que cordones cuneta. Esperan futuro. Esperan que la política vuelva a hablar en serio.

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