Con una participación sostenida y bajo la sombra de la violencia del crimen organizado, este domingo cerraron los comicios presidenciales en Ecuador, donde se define si el país continuará bajo el liderazgo del presidente Daniel Noboa o si retornará el correísmo de la mano de Luisa González, candidata de la Revolución Ciudadana y heredera política de Rafael Correa.
A pesar de un contexto cargado de amenazas y clima político polarizado, la jornada electoral transcurrió sin mayores incidentes, más allá de algunas denuncias aisladas y la detención de más de 600 personas por distintos delitos, según informaron autoridades policiales.
Noboa y González, una rivalidad con historia reciente
Este nuevo balotaje marca el cuarto enfrentamiento electoral entre Noboa y González. En las elecciones de 2023, Noboa logró imponerse por escaso margen tras salir segundo en la primera vuelta. La disputa se renovó este año en un referéndum en febrero, donde el actual mandatario volvió a ganar por una diferencia mínima de votos.
El ambiente en los centros de votación fue mixto. En sectores rurales, el nombre de Correa sigue siendo una marca fuerte: «Voto Correa», repetían varios ciudadanos al referirse a su apoyo a González. En zonas urbanas y de clase media, en cambio, predomina la preferencia por Noboa, con fuerte rechazo al pasado correísta y el temor a un regreso del «populismo».
Un balotaje con final abierto
Las encuestas previas mostraban un empate técnico entre ambos candidatos, y se espera que los primeros resultados oficiales se conozcan cerca de las 21 horas de Argentina.
Daniel Noboa, empresario joven y con estilo disruptivo, se juega su continuidad con un mensaje claro: mano dura contra el narcotráfico y estabilidad institucional. Por su parte, Luisa González busca reconectar con el electorado que extraña las políticas sociales del correísmo, aunque intentó en campaña mostrarse más autónoma de la figura de Rafael Correa, quien permanece exiliado en Bélgica.
Ambos candidatos encarnan proyectos antagónicos, y el resultado de este domingo no solo definirá el rumbo político de Ecuador, sino también el tono de la región en un momento de alta tensión continental.
