La política correntina ya no se juega en los pasillos del poder, sino en los servidores de campañas digitales. Así lo demuestra el Decreto N° 1649, firmado por el gobernador Gustavo Valdés, que aprueba por vía de excepción la contratación de Matías Macera para el “soporte técnico” del sitio web del Instituto de Lotería y Casinos.
Lo que parece un simple trámite administrativo esconde mucho más: la consolidación de una maquinaria digital de propaganda, trolls y operaciones virtuales, financiada con fondos públicos.
Contratos sin anexo, opacidad garantizada
El decreto omitió publicar la Resolución 0584-I, donde deberían figurar las condiciones reales del acuerdo: montos, tareas, alcances. No se sabe qué se contrató realmente ni cuánto costará a los correntinos. La opacidad no es casual: es parte de un patrón que se repite desde 2024.
Ese año, el Decreto 3138 ya había aprobado la contratación de Prosumia, la empresa vinculada a Gastón Douek, apodado “el señor de los trolls”, reconocido operador digital en campañas de manipulación en redes.
Macera y Douek, socios en las sombras
Macera no es un técnico cualquiera. Es socio de Douek en Cuidarnos S.A. y quedó a cargo de la gestión operativa de Prosumia, la agencia que trabaja para gobernadores y se especializa en saturar redes sociales, instalar agendas emocionales y blindar imágenes políticas.
El vínculo empresarial convierte la contratación en algo más que “mantenimiento web”: es una extensión del aparato de propaganda digital oficialista.
Excepción o regla: el truco repetido
El uso de la contratación por vía de excepción ya no parece ser una herramienta extraordinaria, sino la regla para encubrir convenios con operadores políticos. Lo que cambia es el nombre del contratista, pero no la red de intereses detrás.
¿Soporte técnico o campaña encubierta?
La pregunta es inevitable: ¿se contrató mantenimiento del portal oficial o se financió una campaña digital con recursos públicos?
Mientras tanto, la ciudadanía desconoce cuánto se gasta, para qué se gasta y quién se beneficia. El Estado se convierte en una plataforma de marketing político, donde el dinero público sostiene realidades virtuales en lugar de políticas reales.
Democracia bajo control
Cuando los mismos que controlan el discurso digital son contratados por el Estado, lo que está en riesgo no es solo el presupuesto: es la democracia misma.
