Mientras el oficialismo provincial intenta forzar una polarización artificial con Martín “Tincho” Ascúa para desviar el foco de los verdaderos contendientes, la realidad es lapidaria: en los números fríos, el intendente de Paso de los Libres aparece cuarto en intención de voto. A pesar del esfuerzo mediático por inflarlo, la estrategia no estaría dando resultados.
Según trascendió, el propio gobernador Gustavo Valdés habría dado dos instrucciones clave a su entorno político: primero, “levantar a Tincho” como supuesto opositor para consolidar el voto oficialista; y segundo, fomentar el ausentismo electoral, una táctica conocida para reducir el impacto de los votantes independientes o desencantados que podrían inclinar la balanza.
La maniobra es clara: inflar artificialmente a Ascúa para evitar que crezcan opciones reales como Ricardo Colombi o Lisandro Almirón. Sin embargo, la figura de Tincho no tracciona fuera de su ciudad, donde incluso allí ha sufrido un fuerte desgaste por su gestión municipal.
Lejos de generar una polarización competitiva, la movida solo refleja la desesperación del oficialismo por encontrar un adversario funcional. Mientras tanto, la ciudadanía empieza a ver con más claridad que, detrás del show electoral, hay un intento de manipular la voluntad popular.
